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Necesidad de hidratación durante el verano.

Publicado: 6 de Julio de 2015

Es el componente mayoritario en el cuerpo humano y su importancia radica en que es esencial en numerosos procesos fisiológicos (digestión, reacciones metabólicas, regulación de la temperatura corporal...).

El agua contenida en los alimentos junto con la que bebemos y el resto de líquidos que ingerimos tienen que garantizar una correcta hidratación en todas las edades y circunstancias vitales.

Con la llegada del buen tiempo el ritmo de vida cambia: realizamos más actividades al aire libre y nos movemos más. Esto sumado a un aumento de la temperatura, en algunos lugares acompañado también de un mayor grado de humedad, hace que el gasto hídrico del cuerpo se incremente.

El calor, la humedad y el ejercicio físico hacen que el organismo requiera, en general, más hidratación para seguir funcionando correctamente. Por este motivo, en verano resulta especialmente importante prestar más atención a la hidratación e incrementar la ingesta de líquidos para recuperar las pérdidas de agua del organismo y, si es necesario, también de sales minerales.

Pero no debemos esperar a sentir sed para tomar líquidos. La boca seca ya es síntoma de deshidratación y el instinto de beber se pierde con la deshidratación progresiva. Por eso, no hay que confiar en la sed y conviene beber regularmente de 8 a 10 vasos a lo largo del día. 

La deshidratación provoca cansancio, dolor de cabeza, dificultad de concentración, malestar general... Una pérdida del 2% del agua corporal supone entre otros síntomas, una merma del 20% de la energía física y cuando se pierde el 10% se eleva el riesgo de sufrir complicaciones graves.

Se ha demostrado científicamente que con bebidas de distintos sabores se consume mayor cantidad de líquidos lo que permite optimizar mejor la hidratación. Por eso los especialistas recomiendan variar el consumo.

Además de la cantidad de líquidos necesarios para asegurar un balance hídrico adecuado, es importante tener en cuenta el perfil nutricional de las distintas bebidas y su equilibrio en el conjunto de la dieta.

- Agua: Calma la sed y es fácil de encontrar.

- Zumo de frutas: Además de tener un alto contenido en agua, aportan propiedades de la fruta. Por eso, además de hidratar y calmar la sed, son nutritivas y su contenido en azúcares de absorción rápida aporta energía.

- Bebidas refrescantes: Están compuestas en un 85-90% de agua (casi en un 99% en las denominadas sin, light o zero) a la que se le añaden distintos ingredientes (zumos de frutas, aromas,...). Pueden ser carbonatadas o no, con azúcar o fructuosa o sin azúcar,... Su variedad y sabor contribuyen a saciar la sed y son un buen complemento para beber el líquido necesario.

- Bebidas con sales minerales: además de ayudar a mantener los niveles normales de estos nutrientes, permiten un rápido vaciado gástrico del estómago consiguiendo una más rápida hidratación.

- Bebidas para deportistas: ayudan a conseguir una rápida hidratación y mantener unos niveles óptimos de aporte energético y electrolitos (se pierden a través del sudor), imprescindible para el correcto funcionamiento y rendimiento del sistema muscular.

- Café e infusiones: Se preparan con agua y distintas variedades de plantas de diversos sabores y propiedades. Que se pueden tomar frías o calientes hacen que sean una alternativa para aquellos que no beben lo suficiente.

- Bebidas alcohólicas de baja graduación: como cerveza o sidra cuyo consumo moderado ha demostrado beneficios saludables. En el caso de la cerveza se ha comprobado que, además de hidratar, tiene un alto aporte de vitaminas del grupo B, especialmente ácido fólico, antioxidantes y fibra; y es una buena manera de reponer las sales minerales perdidas a través del sudor.

También se recomienda complementar la ingesta de líquidos con alimentos ricos en agua.

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